Adolescente interna

Ayer fue un día de mucho caos emocional. Me dediqué una parte del día a sacar objetos materiales que ya no iba a usar y que podía dejar ir. Al revolver la materia, inevitablemente mis dedos tocaban la información y la energía contenida en cada átomo de su estructura.

Mientras mi mente viajaba a aquellos recuerdos que mi vista y mi tacto hacían presentes, mi oído captó una canción guardada de mucho tiempo atrás. «Esa letra es totalmente de una típica ruptura adolescen…». Fue ahí cuando todo tomó sentido y llegó el súbito entendimiento de que había algo importante que sanar de aquella etapa oscura en mi existencia.

Una vela acompañó mi proceso, quemando la carga energética/emocional que emitía cada palabra de mis rezos. El fuego transmutador se encargó de neutralizar cada vibración de dolor que salía de mis cuerdas vocales para hacer que mi corazón se sintiera más ligero.

Por la noche, me di total permiso de entrar en aquella epoca de dolor y retomando la idea que me ha estado rondando al escribir La niña que era diferente, entré en modo «soy la rara, soy la diferente, soy la fenómeno que a la que nadie quiere» y reproduje la canción que hasta el momento no habia podido volver a escuchar: Creep, de Radiohead.

Un recuerdo específico entró en mi cabeza, al mismo tiempo que las primeras lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas. Me regalé esos minutos para entregarme al dolor de haberme sentido rechazada, una vez más, por ser diferente, por no haberme sabido valorar en ese momento y haberme comprado la idea de que eso era una debilidad y por ello, mi vida amorosa había empezado con el pie izquierdo.

Un llanto guardado en lo más profundo de mi ser salió para ser iluminado y por fin, ser trascendido. Lo sentí salir desde mis entrañas, dando paso a la voz de mi alma, que como una voz maternal y llena de amor me dijo «lo has hecho muy bien, lo estás haciendo muy bien. Tenemos que volver a ser adolescentes por un tiempo para resignificar lo que vivimos. Pero estoy aquí y juntas, lo vamos a hacer sin volver a identificarnos con el papel de víctima, nunca más.»

Al final, entendí que este es el último paso para terminar de sanar profundamente. Y que desde este estado del ser, no hay miedo en enfrentarse a ello por más caos, dolor y confusión que haya experimentado; sino que es completamente necesario volver para rescatarme a mí misma, para recordarme que esa oscuridad no hizo sino acercarme más a la Fuente de Luz que habita en mí y que espera ser sanada para ponerse al servicio y acompañar a otras almas a que se vuelvan a reencontrar consigo mismas y por tanto, con la Sabiduría Infinita que yace en todas las historias.



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Sobre este espacio

Disfruta de tu bebida caliente favorita mientras lees sobre mi vida, mis anécdotas, reflexiones y epifanías.
Es como leer mi diario, pero mejor…

Newsletter