Libre

Hoy quise escribir. Escribir sin un guión, sin una intención y sin una pausa. Dejar correr las letras; a veces caminar, a veces detenerse a observar y volver los pasos.

Quise reconectar con una parte de mi que nada espera de las letras, pero que siempre se sorprende cuando les da un sentido.

Hay muchas en mi cabeza, como es habitual. Pero hoy, tres ideas revolotean para ser plasmadas:

  1. La diversidad de contextos mundanos que rodean a mis compañeros de clase; no sólo los de la universidad, sino también a los de los contextos «alterativos» que me acostumbré a frecuentar.
    Sí, cada cabeza es un mundo, pero hay mundos que se están condenando erróneamente a una existencia sin sentido, mientras que otros derivan su causa sin ser conscientes de que existe una realidad más allá.
    Dos señoras de 60 años acompañándome silenciosamente en un viaje de autodescubrimiento «científico», en una aventura que no sé a dónde me llevará pero que estoy segura que tenía que transitar.
    Ahora, más que sentirme el patito feo del cliché, me veo como la portadora de Luz que debe mostrar el camino; si bien no es el que yo quisiera, al menos si es el que muchos de ellos necesitan. Llevarlos a cuestionarse acerca de la efectividad de su filosofía personal, como yo misma me vi obligada a hacerlo, es una de mis principales aspiraciones. Y no lo digo como algo catastrófico como me tocó sentirlo, sino como el inicio de una nueva manera de vivir y ver las cosas; a fin de cuentas, yo soy el soporte que podrían necesitar, la ayuda que yo quise para mí y parte del servicio que vine a ofrendar (aunque admito que, actualmente, es el que menos quiero realizar.
  2. Hoy, sentí llegar a la primavera. No sé si como un atisbo de lo que viene o como un aviso que ya no se va. El clima me parece agradable ahora, sin necesidad de tiritar por el frío (y lo digo a un nivel emocional también). La llegada de la primavera implica la llegada de más energía y con este nuevo inicio de ciclo, el desenvolvimiento de una nueva historia. Una historia que me llena de entusiasmo, así como de miedo; apostar todo por una idea que parece ser el camino que me lleve a una vida más ligera.
    Además, el calor que se anunció hoy, implica que podré volver a usar faldas. Ahora, las faldas son la prenda con la que más me siento yo, lo cual me parece bastante extraño si lo comparo con mi versión de hace algunos ayeres. Ir ligera de la parte superior me invita a llevar el pecho en alto, repartiendo la energía que emana de ese centro energético, reconociendo a los otros corazones que también se izan en los pechos de aquellos humanos que están listos para un nuevo renacer.
    Vestir más auténtica y colorida, me emociona quietamente.
  3. El mensaje «ya te quiero veeeer» con un sticker de perrito dando pasitos, se repite una y otra vez como un GIF imaginario que reinó durante el día.
    Puedo agradecer con total libertad la nueva realidad que empecé a sentir desde hace algunos días (¿o serán semanas ya?). Al fin, gobernó la libertad y el miedo dejó de intimidarme. Por fin, volví a imaginar libre e inocentemente. Volví a ser una niña. Pero a la vez, me volví una completa adulta que puede mirar aquellas emociones dificiles sin miedo a no poder soltarlas.
    Incluso hoy pienso en la ironía de no poder imaginar con libertad por ser presa de las emociones; no poder volver a verte sonreír por miedo a desilusionarme porque en «realidad» no quieres verme. Ser libre en mi imaginación es retomar toda la libertad en la vida. Y volver a ser libre es el mayor regalo que me he dado hasta ahora.

¿Y ahora qué sigue? No lo sé. Quisiera volver a reconectar con mi proyecto inicial: hablarme a mí a través de este blog, recordando que al otro lado de la pantalla podría estar yo misma pero en otra piel. Es hablarme a mí a través de aquí; hablarte a ti a través de mí.



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Sobre este espacio

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