“El mundo será mejor si un mayor número de personas estuvieran seguros de que son humanos, antes de tratar de ser superhumanos” Alice Bailey- Del Intelecto a la Intuición.
¡Boom! La frase cayó sobre mí como probablemente yo me caería en tacones de aguja. Fue una verdad tan simple pero tan reveladora que no pude hacer otra cosa que resaltarla, guardarla y quedarme mirando al vacío por algunos segundos. Luego, seguí leyendo el libro con una sensación de entendimiento amplificada.
Cuando despertó mi consciencia, pasaron muchas cosas. Se empezaron a derrumbar mentiras e ideas que alguien alguna vez puso en mí y yo tomé como ciertas. Se abrieron caminos hacia nuevas interpretaciones y poco a poco fui conociendo y entendiendo verdades que suenan a ciencia ficción.
La idea del poder mental sobre la física, la biología y en general, la materia, es una meta común para el iniciado. Para mí, claro que no fue la excepción, pues la idea de materializar mis deseos y caprichos a voluntad, suena muy tentador como para dejar escapar la oportunidad de ponerlo a prueba. Pero claro, había otra verdad que se escondía delante de mí, una mucho más grande y que es pilar para lograr esos llamados milagros que el vulgo podría tachar de magia negra (o de estar involucrado en algún negocio ilegal).
Una verdad tan simple pero a la vez tan compleja. La verdad de ser humano. Pero no me refiero a cómo fue creado, para qué o por quién; nada de eso, si no, a que somos humanos. Estamos en este plano físico, materializados como parte de la naturaleza en estos vehículos tan curiosos que llamamos cuerpo. Y eso es algo que comúnmente damos por sentado y olvidamos, dando paso a movernos sólo entre la mente y el espíritu (en los peores casos, sólo en la mente). Nos olvidamos de ser la mágica y fabulosa triada que puede se supone vinimos a ser; el triángulo mágico que puede obrar milagros.
Así que, Alice Bailey, me abofeteó con la verdad que necesitaba para poner orden y calma a mi existencia. Porque, o sea, cómo iba a ser posible que a medio año de empezar a entender el mundo de lo sublime todavía no pudiera materializar la vida millonaria que deseaba, ¿no?
Ser humano no es un castigo, es toda una aventura que elegimos vivir. Se supone que es divertido y que debería ser fácil, pero en algún momento perdimos las instrucciones para entenderle a este juego y por eso sentimos que es el peor castigo que alguien nos pudo dar. Por eso, cuando mi mente recordó que ser súper-humano implicaba reconocer que soy humana (con lo que quiera que eso signifique), las cosas empezaron a acomodarse poco a poco. Empezaron a llegar maestros que me enseñaron que tener un cuerpo es más que alimentarlo con cualquier cosa y limpiarlo, sino que también tengo emociones (algunas bastantes complejas), que soy perfectamente imperfecta, que tengo días buenos y días malos, que tengo cosas desagradables pero también tengo trucos para facilitarme la vida.
Y entender eso a un nivel tan simple como darse permiso para disfrutar el llanto o el descanso, es la pieza que muchas veces se necesita para comenzar a conectar con el verdadero plano de lo místico y ver la magia que hay en cada rincón y en cada momento.
Creo que desde ese día aprendí a verme más como humana y no como un ente errante en este mundo. Comprendí que antes de querer pasar a mover objetos con la mente tenía que aprender a mover mis emociones a través de mi cuerpo. Que antes de querer salir al plano astral tenía que aprender a salir sola de casa. Entendí muchas cosas con esa frase.
Por otro lado, empecé a conectar con la idea de que ser un humano también implica saber ser un adulto funcional, uno que sabe de impuestos (pa’ no ir a la cárcel, verda’), de hacer las compras, de llevar buenas finanzas y saber relacionarse exitosamente con los demás. Y todo eso, claro que complica un poco las cosas, pero soy positiva al respecto e intento llevarlo con calma para no entrar en pánico y sentirme como la mayoría podría sentirse, sintiendo la presión de pensar que mis padres a mi edad, ya tenían 2 hijos y una casa, y yo, a duras penas y empecé un blog.
Aprender a ser humana y ser adulta… qué experiencia tan curiosa, simple pero compleja me he encomendado en vivir. Así que, no me agüito, me dejo fluir y voy incorporando aprendizajes para facilitar mi paso por este plano y hacerlo algo que de verdad pueda disfrutar cuando vea la película final de mi vida pasar frente a mí.

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