La presión de la perfección

Mañana se publica el blog (al momento en que  estoy escribiendo esto, claro). Creo que desde que soy adolescente quería tener un blog donde simplemente hablara de mí, de mis reflexiones, de mis anécdotas; como si fuese un diario no tan íntimo donde se quedaran plasmados mis pensamientos. Es por eso, que quería tenerlo todo  listo y perfecto para el día en que se publicara, con al menos unas 5 entradas que mi lector pudiera disfrutar.

Me di un plazo determinado para hacer el lanzamiento oficial y puse una fecha, dejando un tiempo que consideré más que suficiente para poder escribir lo que se necesitara escribir y que llegara la inspiración para escribir algo que cambiara vidas. Esperé la inspiración, y esperé y esperé… Y la inspiración no llegó, no bajó la Virgen, ni los santos ni ningún ángel a darme un mensaje revelador que cambiara el mundo de nadie. Pero el plazo había terminado y el anuncio ya estaba bien anunciado. Y mejor, porque sé que si hubiese esperado a tener todo perfecto como pasaba por mi mente, quizás lo hubiese aplazado mucho mucho tiempo más. 

Y aunque tengo muchas ideas en mente y varios temas de los cuales quiero escribir, no fue hasta anoche que las cosas se empezaron a acomodar. Hoy por la mañana empecé a escuchar la voz reflexiva que me susurra las palabras para poder escribir desde el alma. (Sobre eso, alguien alguna vez me dijo que yo escribía muy bonito y que tenía la habilidad de dejar un pedazo de mi alma en cada escrito, pero creo que hoy resignificaré eso, diciendo que en realidad, en cada escrito, recupero un pedazo de mi alma).

Recordé que principalmente me escribo a mí a través de los letras de este blog, dejando las puertas abiertas a quien quiera leerme, a quien pueda servirle algo de lo que me digo a mí misma. Quiero ser completamente transparente conmigo, aunque aún no esté lista para que los demás me miren (o lean) en mi estado más vulnerable y humano. 

Toda esta “presión” me hizo entender que a veces las cosas no necesitan estar en orden para ser perfectas, o al menos, para funcionar bien. Como dicen, lo más difícil es empezar; y más porque me puse condiciones que quizás no iba a cumplir, pero aún así, decidí no abrumarme si las cosas no salían como mi controlitis me lo decía. Está bien aprender en el proceso y está mucho mejor si además, es divertido.

Al principio, cuando me decidí a abrir un blog personal (aprovechando la experiencia que me dejó escribir en Travesías Oníricas y Realidades Conscientes -que levante la mano quién se acuerda de ellos-), no supe de qué escribir, no supe hacer una estructura funcional que me ayudara a darle un orden a todo esto que estaba por llegar. Quería escribir de todo y de nada, establecer un tema determinado, tener secciones especiales, ponerle esto y aquello. Y al final, he decidido simplemente darme permiso para experimentar: un día una carta a mi niña interior, un día una reseña de un libro, otro día una reflexión profunda con un espresso en la mano y un cigarro en la otra (aunque a mí ni me guste fumar, ni me guste el café cargado).

Así que lo que puedo rescatar y decirme es: calma, disfruta el proceso, ve lento y/o a tu ritmo, pero no te detengas. Deja que las ideas fluyan y diviértete experimentando, porque eso es parte de lo que eres: una autoinvestigadora experimental.

(¡Échale ganas, mamona!)



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Sobre este espacio

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