Viernes por la tarde, regresas de ayudar a una completa desconocida a sanar su alma (qué raras son las constelaciones, siempre te toca representar al alma del constelado). Estás feliz porque pudiste ayudar a alguien a sanar heridas profundas y muy fuertes, a la vez que eso te ayudó a sanar indirectamente.
Caminas por la Ciudad, miras miles de rostros que no habías visto y que no recordarás. Cruzas mirada con algunas personas, dicen que en esos ojos que se miran, hay restos de relaciones karmáticas. Es hermoso pensarlo así, como sólo un toque momentáneo de miradas para sanar y reconocer a aquellos con quien alguna vez en la historia de la humanidad, coincidiste.
Y a pesar de tantos ojos, no encontrar a aquellos que amas. No hay miradas de complicidad.
Estar en un mar de gente y no encontrar a la persona que amas. No hay una mano que tomar.
Caminas y miras a las parejas. Caminas y vas sola. Caminas y lo extrañas. Miras los lugares en los que alguna vez caminaron juntos y recuerdos vienen a tu mente.
Lo extrañas. Sabes que no lo necesitas, pero qué sí lo quieres.
Viernes por la tarde, vuelves satisfecha a casa luego de jugar a ser el alma de alguien más. De alguien que pudo sanar con tu presencia.

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