*Texto inconcluso – 10 de febrero
Se velan y desvelan. Se visten, desvisten y revisten. Juegan dulcemente ante nuestros ojos distraídos, se esconden con toda la intención de ser descubiertos.
Unos tienen guardianes, otros viajan por el aire que respiramos. Unas veces se restriegan sobre nuestra piel y otras veces se encapsulan en el tiempo.
Son la mejor colección que se puede tener, son tesoros que se guardan en el corazón y se comparten con la razón. La cazadora de Misterios te puede repartir si lo que quieres es recibir. Si no existe separación, no existe paradoja. Es y no es.

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