“Las alabanzas no van a impactar en Dios, pero sí en ti. Es lo que debes hacer si la Ley de Impulso quieres conocer”
Lo entendía en esencia, pero no podía traducirlo en palabras. Una palabra profanada que buscaba resignificarse al igual que mi consciencia lo hacía.
¿Cuáles eran las energías verbales en esto? ¿Admiración y agradecimiento? ¿Gozo y gloria? Halagos y lisonjas como aderezos, tal vez.
Elogios y enaltecimiento. A Dios. ¡¿A Dios?! Sí, a Dios. A Dios Espíritu, a Dios Carne y Sangre, A Dios Cielo, A Dios Tierra, A Dios Hermano y a Dios Pothos. A Dios y a su creación, y ¿por qué no, si todos Somos Uno? Tao y yin-yang. Unidad, Dualidad y Trinidad. «El Tao (o Dao) engendra el Uno, el Uno engendra el Dos, el Dos engendra el Tres, el Tres engendra diez mil seres» – Lao Tse
Entonces, a través de la jerarquía puedo subir, y mientras subo, alabo a la creación, a mis seres cercanos y los no tanto. “Qué bien se ve hoy”, “ es una hermosa tarde”, “¡me encanta esta canción!”, “Soy Guerrera de Luz y Amor en este mundo”.
El júbilo y la felicidad por la vida resonando de cada habitante. La realidad “utópica”, dirían algunos. “La realidad a la que camino”, respondería yo.

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