La salida del nido

Últimamente me siento asfixiada de emociones y sentimientos “negativos”, y cuando una medicina psicoactiva entra a mi cuerpo,  me hace sentir con más intensidad todo eso. Pregunto, ¿qué es lo que quiere mostrarme la medicina a través del exacerbamiento de estas sensaciones? Principalmente creo que es el aceptar y guardar cosas que no son mías (me refiero a que es algo que hago, pero ya no debería); me siento incómoda en este espacio que es la casa de mis padres, el lugar que me vio crecer. Vivo tan sólo con ellos dos y el tiempo de emprender mi vuelo ha llegado, algo dentro me lo dice y me hace fantasear con las cosas que haré una vez que toda mi supervivencia dependa de mí. Y ese es el lado bonito, pero también hay un lado “feo” que me hace sentir oprimida. 

Hace unos meses, en el diplomado de biodescodificación, aprendí que las personas que nacen con el cordón umbilical enredado al cuello suelen ser personas que tiene conflictos al momento de tomar su edad de autonomía (o de independencia, pa’ que se entienda), que generalmente les cuesta hacerse cargo económicamente de sí mismos y que además, tienen esta disonancia de sentir que si se quedan dentro del nido (dentro del cuerpo de mamá), van a morir, pero si salen, también van a morir… Y caray, yo nací con el cordón en el cuello.

Así que, es cierto, me enfrento a esa disonancia: quiero emprender mi vida adulta e independiente, pero también me siento atada y hasta cierto punto, culpable de irme. Soy la hija menor, la que queda en casa y la acompaña a mi mamá en su día a día, así que si me voy, mi madre se sentiría sola (aunque eso dista de ser cierto) y el cambio en la vida de mis padres (y en la mía propia), sería tan grande que no sé qué pasará y eso, de cierta manera, me causa ansiedad. La parte de la culpa viene porque no quiero ser la causante de un cambio (negativo) tan grande.

Y claro, esa parte es algo que mi mente programada para el desastre y el miedo me dice, pero sé que las cosas no tienen porque ser como las dicta la voz fatalista que hay en mí. La voz de mi alma (y por lo tanto del amorts), me dice que el cambio que está por venir, aunque doloroso por una parte (la parte que le corresponde a mi padre), será la mejor para todos, incluído él. También me dice que aunque suena egoísta, yo no tengo porque ser responsable de las decisiones que los demás han tomado y que los ha llevado hasta este punto en el que, como todos, merecen la vida que tienen. Así que, no debería sentirme culpable de buscar mi propio bienestar aún si los dejo “solos”.

Siendo la menor de tres hermanos, fue algo que nunca se me ocurrió pensar hasta ahora que me enfrento a esta situación: qué iba a pasar cuando ellos fuesen mayores y se fueran de casa, para quedar yo con mis padres. Y bien pudo haberle pasado a alguno de ellos de no haber tenido pareja y yo sí (de ser el hermano quedado, pues). Pero pues ya qué, la situación es la que es y no queda más que enfrentarla de la mejor manera posible, sin hacerle tanto caso a la voz que me dice que debo sentirme mal por buscar mi camino (¡Vieja egoísta!).

Ya veremos cómo se resuelve todo esto, confiando en que la Vida pondrá todo en su lugar y todo será por el más alto bien de todos los involucrados.



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